“La labor cotidiana de tomar partido” por Jaime Ahumada

By 11 Mayo, 2018General

“Justicia Social: La labor cotidiana de tomar partido”

Por Jaime Ahumada
Estudiante de Sociología UAH
Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Alberto Hurtado

El 25 de enero del presente año, salieron a la luz los escabrosos detalles de la muerte de Sophie, una niña de un año y once meses, que fue violada, estrangulada y quemada por su padre biológico en Puerto Montt. Este terrible caso reabrió un debate que vuelve a la palestra pública cada cierto tiempo: ¿debería volver a aplicarse la pena de muerte en Chile? Cuestionamiento interesante y necesario, en el que aquí no entraremos. ¿Por qué mencionarlo entonces? Lo relevante de esta discusión para el propósito de esta columna -interrogar ­la idea de justicia social– es la argumentación que se utiliza para justificar dicha opinión: “es lo justo” o “es lo necesario para hacer justicia”. Mientras, quienes se oponen a dicha pena, suelen basar su argumento en la misma idea. Esto nos muestra principalmente dos cosas: no existe una concepción inequívoca de justicia, y qué al hablar de justicia, se habla ineludiblemente de lo moral y lo político.

Frans De Waal, experto en el comportamiento animal y en especial de primates, desarrolló una teoría respecto a las bases de la moral a lo largo de sus años de investigación. De Waal plantea que nuestra construcción de lo moral posee dos pilares fundamentales: el sentimiento de reciprocidad y la empatía[1]. Ambos pilares, vienen a sostenerse sobre una base que el neoliberalismo y otras corrientes de tendencias capitalistas han buscado desarraigar de la naturaleza humana: el trabajo cooperativo y colectivo. De esta base y estos pilares es desde donde se desprendería nuestra noción de lo justo: el beneficio y/o bienestar de una comunidad o colectivo, en igualdad y pertinencia.

Con esto en mente, ya es más fácil delimitar a lo que nos referimos al hablar de la justicia social y porque siempre aparece en contraposición a la realidad vigente. La justicia social, como realidad práctica, implica una situación de bienestar y libertad permanente de los individuos en tanto colectivo y en tanto individuos como tal, lo cual, sin profundizar demasiado en análisis rimbombantes o muy brillantes, claramente no es compatible con una sociedad capitalista neoliberal.

Pero entonces ¿cómo podemos lograr la justicia social o avanzar hacia ella? La lucha por esta siempre suele asociarse a grandes masas de gente protestando por causas específicas, a la conflictividad social. Y con justa razón. Los movimientos sociales, y más aún los movimientos populares, son las herramientas más efectivas que hemos podido desarrollar en Chile para transformar la sociedad. Sin embargo, hay un paso previo que solemos olvidar de forma constante, quizás porque nos han educado para olvidarlo: el sentir empatía, pero una empatía activa.

Debemos ser capaces de salir de nuestras zonas de confort, y de involucrarnos solo con aquellos problemas que nos atingen directamente. Como estudiantes no podemos quedarnos solo en las demandas estudiantiles, así como ningún otro conflicto debiera cerrarse sobre sí mismo. Buscar solucionar estos de manera puntual, es como tratar de cuidar un árbol preocupándose de una sola hoja, sin prestar atención a la raíz (algo así como pensar la pena de muerte como solución a la delincuencia). La tarea principal es desnaturalizar y atacar las desigualdades y las relaciones de dominación desde lo cotidiano, y así evitar situaciones, como la de Sophie, por ejemplo. Debemos ser capaces de mirar hacia el lado y salir de la indiferencia, de tomar postura frente a cada situación y hacernos participes de estas, ya que quedarnos en lo discursivo no es suficiente para escapar de la indiferencia, y la indiferencia siempre ha sido el peso muerto de la historia.

[1] De Waal, F. (2007). Primates y filósofos. La evolución de la moral del simio al hombre. Barcelona: Paidós.