Rostros Zanmi: Carmiña Biskupovic, voluntaria UAH

By 31 Julio, 2018General

Carmiña Biskupovic, estudiante de Bachillerato:

“La cara de contentos de los niños me permite seguir participando”

Camina Biskupovic es voluntaria del proyecto Zanmi hace seis meses. Aquí cuenta cómo es el diálogo humano que construye con sus alumnos, que se traduce en una bonita convivencia, sana disposición por aprender y el profundo respeto por el otro.

Por Carmen Sepúlveda

 

Muchos jóvenes tienen el desafío de viajar descubriendo nuevos destinos y personas, y se van lejos, tan lejos como sea posible. Pero luego se dan cuenta que en ese andar se lo pasan despidiéndose de personas a las que quizás han comenzado a querer o a entender. Para los tutores del proyecto Zanmi, programa que enseña español a la comunidad haitiana que depende del CUI de la Universidad Alberto Hurtado, la calidad de vida está en función del compartir. Así lo describe Carmiña Biskupovic (19), alumna de segundo año de Bachillerato quien quiere estudiar Trabajo Social.

“Partí en Zanmi a principio de este año gracias a una foto que vi en Instagram y que invitaba a ser parte del proyecto. Me dieron ganas de sumarme y una vez dentro del proyecto pudimos conocer a los niños y ellos a nosotros ya que considerábamos esencial ese momento para formar lazos entre tutores y alumnos”, cuenta. Carmiña les enseña lenguaje y matemáticas a niños y niñas de sexto básico, les apoya en sus tareas, aclara dudas en sus inquietudes sociales, y trata de incluirlos a la comunidad sobretodo a los que vienen recién llegando a Chile. “Ellos nos enseñan un poco de su lengua, lo que genera un aporte mutuo entre nosotros”, dice.

Los grupos son pequeños, la metodología es personalizada y ayuda al desarrollo humano: “Se logra cercanía con los niños, por lo que podemos conocerlos más, saber qué necesitan de nosotros, cuáles son sus gustos, lo que les molesta, cómo se sienten en Chile y en el colegio, o qué materias se les hacen complicadas”, comenta Carmiña.

La finalidad de compartir en un ambiente grato es sano tanto para los alumnos como para los tutores: “Los niños sienten que aprender no es una obligación, sino algo divertido”, comenta. Por lo demás, en culturas distintas, se promueve el valor del respeto: “El trabajo que realizamos en la sala de clases enfatiza la buena convivencia entre pares y mejora los lazos entre la comunidad escolar, los participantes del proyecto y los profesores del establecimiento”.

La experiencia que ha tenido Carmiña es que los niños son respetuosos, pero como todos los niños, también pelean: “Nosotros les decimos lo que está bien y lo que no, tratando siempre de generar un aprendizaje positivo en cualquier ámbito.  Además en las salas tienen pegados imágenes con normas de conducta, por lo que tratamos de enfatizar en el respeto y los valores hacia sus pares”. Como voluntaria esta forma de compartir desde el aprendizaje hace de la alegría, la amiga de la convivencia. Los pequeños son entusiastas y se ponen felices cuando los tutores llegan al colegio, actitud que permite que esta joven siga participando y reencontrándose con sus estudiantes. Cada vez que se despide sabe que la próxima semana la recibirá una sonrisa y estarán juntos evaluando avances en una tierra que quiere ser amigable.